Para muchos políticos la cultura es la forma de resolver la pobreza, las drogodependencias,los abusos, los crímenes, la falta de legitimidad y hasta la competitividad industrial. Politólogos y pensadores, como Samuel Huntington (1997).
es muy habitual pensar que la cultura construye fronteras entre los individuos y los grupos sociales, ignorando que éstas sólo las construyen las diversas apropiaciones identitarias de la cultura. Por consiguiente, no puede hablarse de cultura española, vasca o catalana, sino de cultura de los españoles, de los vascos o de los catalanes.
En 1917 Robert Lowie dice que la cultura es el gran tema de la antropología, como la conciencia es el tema de la psicología, la vida de la biología y la electricidad una rama de la física. Ello se ratifica por otras ciencias y en el propio campo de la antropología tras la II Guerra Mundial. Dado que los antropólogos no se interesan sólo por el ser humano como especie, sino por su sociedad e individuos, ya en el S. XIX necesitaron un concepto como el de cultura para explicar los modos de pensar, sentir y vivir no compresibles bajo parámetros biológicos o psicobiológicos (Lévi-Strauss, 2000).
Esta definición, aceptada hoy de manera muy compartida por los antropólogos, incluye tanto lo consciente como lo inconsciente y conjuga el objeto de la cultura con sus sujetos, el individuo con su sociedad -lo común y lo individual-, las formas de vida con los sistemas ideaciones y emocionales, lo particular con lo general.
Toda sociedad tiene unas ideas, valores y normas sobre cómo debe ser el pensamiento, la conducta y el sentir correctos de las personas: patrones culturales ideales, que refuerzan y justifican las limitaciones directas e indirectas de la cultura sobre los individuos. Pero no siempre la cultura se define sólo por estos patrones ideales, sino también por otros patrones reales que modifican o llegan a contradecir a los primeros, por ejemplo: la igualdad ante la ley.
La explicación científica de la cultura no consiste en la reducción de lo complejo a lo simple, sino en sustituir por una complejidad más inteligible una complejidad que lo es menos.
Cultura y civilización suelen usarse erróneamente como sinónimos tanto en el conocimiento científico como sobre todo en el ordinario. Hoy la mayoría de los antropólogos no habla de civilización, sino de cultura. Pero no son pocos los antropólogos, en particular los evolucionistas, y científicos sociales, para quienes la noción de civilización se equipara a la de cultura e implica una jerarquía de la humanidad que la divide en pueblos primitivos y civilizados.
Muy a menudo se ha exagerado el carácter homogeneizante de la cultura como atributo exclusivo de un grupo social, desde donde se sostiene su visión etnicista, capaz de construir fronteras, marcar límites sociales y diferenciar, en mayor o menor medida, a los grupos humanos. Se ha dado por supuesto que las culturas están integradas por individuos más o menos homogéneos.
El resultado final de este proceso es una organización de esa diversidad de intereses y posicionamientos particulares dentro del grupo. La cultura es, en suma, esa organización de la diversidad, que incluye tanto a los individuos que actúan movidos por objetivos fraccionales como a los mediatizados por su inserción en colectivos más amplios a los que se adscriben por pertenencia e identidad social. Constituye una referencia para establecer los límites de la diversidad y los mínimos de convivencia (García, Velasco et al, 1991).

En esta ocasión para realizar la actividad, antes se tomó una lectura (únicamente de la pagina 13 a la 27), de la cual se tomaron los puntos más relevantes de la misma para con ellos elaborar por triadas un esquema que luego seria expuesto al grupo, todos explicaron el mismo tema pero es importante destacar que cada uno lo interpretó de una forma distinta, así como hubo quienes mencionaron situaciones interesantes que otros no.